#unasociedaddecente

Hay palabras que a veces entran en el mayor de los desusos, y se nos olvidan a la hora de hablar, no las utilizamos, no las incorporamos a nuestro vocabulario diario, y parece que, poco a poco, no sólo dejamos de lado la palabra sino también su significado.

Quizás eso haya pasado con la palabra decente unida a la de sociedad. Las combinaciones con más éxito en los últimos años han sido sociedad útil, sociedad de éxito, sociedad anónima o limitada, sociedad madura, pero no sociedad decente. Y, así, hemos ido construyendo una sociedad donde los valores del trabajo, del esfuerzo, de la igualdad de oportunidades, de la justicia social, del mérito, de la capacidad, de la constancia, quedaron relegados por los del resultado, el individualismo, lo inmediato, lo fácil y lo cómodo.

Elevamos a los altares a personas y personajes, tan sólo por una imagen de éxito; y no nos preguntamos cómo se consiguió aquél. Nos daba igual, porque nuestro entorno, nuestra sociedad, estaba borracha de excesos y nos llevaba en volandas sin que tuviéramos tiempo para preguntarnos si lo que estábamos construyendo era lo correcto.

Lo cierto, es que la crisis económica en la que vivimos sumidos, nos ha dado un baño frío de realidad; y nos ha puesto como sociedad, al conjunto de España, frente al espejo, y lo que vemos, nuestro reflejo, no es lo que creíamos ser.

Ahora, que para hacer frente a esta situación tan complicada, con una población en paro de seis millones de personas, con más de 1.800.000 hogares con todos sus miembros parados, con el crédito a las empresas y a las familias seco, con recortes en lo que hasta ahora era nuestra seña de identidad, el Estado de Bienestar, con la espada de Damocles sobre el sistema de pensiones,…; necesitamos de una sociedad bien cimentada; asistimos, sin embargo, perplejos a una sociedad donde todas las instituciones en las que se sustentaba hacen aguas o se tambalean en el mejor de los casos.

El Parlamento, las Administraciones públicas, la Justicia, el Gobierno, la Corona, el sistema financiero, las empresas, los medios de comunicación, los partidos políticos, etc. ninguna de estas instituciones, como pilares de nuestro sistema democrático, está a la altura de lo que los ciudadanos necesitamos.

Descrédito, desapego, desprestigio, corrupción, es lo primero que se nos viene a la cabeza cuando nombramos a alguna de ellas. Así lo expresamos los españoles en los estudios de opinión, véase el CIS en los últimos tiempos. Y esta valoración tan negativa de nuestras instituciones está deteriorando a nuestra Democracia día tras día, sin que veamos el final de este trance.

Pero ni de la indignación, sentimiento absolutamente natural ante cada escándalo que nos asalta, ni mucho menos de la resignación, nacen, se construyen y se desarrollan las soluciones. La solución sale de la corresponsabilidad de cada uno de nosotros como individuos por volver a construir una #sociedaddecente.

Por eso, sí que considero absolutamente prioritario para nuestra Democracia un Se acabó, un No va más, contundente por parte de la ciudadanía.

No a la corrupción, no a los desmanes, no al todo vale, no a las amnistías fiscales, no a acabar con la igualdad de oportunidades subiendo las matrículas universitarias, no a la justicia para quien puede pagar las tasas Gallardón, no a tanta mediocridad y a tanto tragar porque no hay nada que hacer.

Porque hay mucho que hacer, porque podemos tener otra oportunidad como país, y porque como individuo me considero decente y sé que hay millones de españoles tan decentes como yo que queremos construir una sociedad decente y reforzar nuestro sistema democrático.

Este país tiene un compromiso con sus generaciones actuales y futuras, y ¿por qué no?, tenemos la responsabilidad de pactar, un Acuerdo, un Pacto entre la ciudadanía para reforzar nuestro sistema democrático y mejorar nuestra sociedad con nuevos valores más solidarios.

Y, si el PSOE, consigue ser el catalizador de este gran acuerdo con la ciudadanía, estaremos hablando de la posibilidad de acelerar la salida de esta crisis, tanto la institucional como la económica, porque nos habremos puesto a reconstruir el Estado de Bienestar que con tanto esfuerzo sacamos adelante cuando gobernamos.

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